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Una ley justa y necesaria

Escrito por Adolfo León Atehortúa Cruz
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El Instituto Pedagógico Nacional (IPN) es un colegio público por excelencia que el país debe reconocer como referente de lo que ha sido y debe ser su sistema educativo.

En primer lugar, porque en él estudian niñas y niños de la más diversa procedencia social, cultural, y en condiciones educativas especiales; porque desde su creación en 1927 ha conservado su espíritu innovador, y porque es una escuela formadora de maestros; esto último gracias a que es la Universidad Pedagógica Nacional quien lo dirige y orienta. De su seno, de la matriz del Instituto Pedagógico Nacional para Señoritas, nació en 1955 la Universidad Pedagógica Nacional Femenina, hoy Universidad Pedagógica Nacional, reconocida como la única institución uniprofesional dedicada a la formación de maestros y a la investigación pedagógica, declarada además por la Ley 30 de 1992 asesora del Ministerio de Educación Nacional.

Sin embargo, el valor histórico del IPN radica en muchos otros hitos dignos de mención. Fue la primera institución que reconoció a la mujer dándole la posibilidad de ejercer un cargo público como maestra con título de Normalista. Su formación fue soportada en los avances de la escuela activa en su versión alemana. Esta tradición sigue estando vigente por lo menos en dos sentidos: porque se sustenta en la pedagogía por proyectos y por su dimensión integral.

Ligado a la perspectiva anterior, el IPN ha preservado un legado cultural importante para el país, centrándose en dos pilares de formación: la música y la educación física. De hecho, fue la primera institución educativa oficial que incluyó un programa formal y científico para la enseñanza de educación física a las mujeres. Fue pionero en gimnasia sueca desde 1927 y de gimnasia rítmica basada en el método Orff desde 1967, metodología que se ha mantenido por muchos años.

Para las décadas de 1920 y 1930, el IPN había comenzado la formación con la enseñanza de solfeo acompañado de la interpretación de instrumentos de cuerda como el violín y el desarrollo de habilidades de percusión con instrumentos como la marimba y los tambores. En el Instituto se dio origen al primer programa para educadoras de educación preescolar (escuela Montessori, 1933) y al primer jardín infantil oficial, con carácter pedagógico, superando el asistencialismo que caracterizaba aquella época.

Podríamos mencionar muchas más innovaciones que han hecho carrera en la política educativa nacional, como la incorporación de la enseñanza de la biología (1965), de la lectoescritura en forma global (1967), la atención de niños con necesidades especiales (1968), la enseñanza de tecnología e informática (década de 1970), el proyecto de desarrollo humano (1993) o el funcionamiento con jornada única completa incluyendo el servicio de restaurante para sus alumnos (1995), así como la evaluación diagnóstica-formativa expuesta por primera vez en el Foro Nacional de Educación que se realizó en sus instalaciones (2015) o el proyecto Fronteras, que entrelaza y une académica y socialmente al IPN con el Centro Cultural y Educativo Español Reyes Católicos y el Colegio Distrital de Usaquén (2016).

Hoy en día, el Instituto alberga a cerca de 1.700 niñas y niños en sus cursos desde preescolar hasta el grado 11, ofrece el servicio educativo a más de cuatro decenas de niños en condiciones educativas especiales y recoge el acumulado académico y pedagógico de 90 años de la mano de los diferentes programas de la Universidad Pedagógica Nacional que, con sus profesores, acompaña la práctica de los maestros en formación en todas las áreas y niveles educativos. Por esa razón, el IPN es un laboratorio para la Universidad, un centro de pensamiento e investigación, donde se ponen a prueba permanente sus programas profesionales.
Pero, más importante aún, el IPN reúne en sus aulas a niñas y niños procedentes de diferentes estratos sociales en extraordinaria convivencia. Y justamente este hecho le arrancó a Luis Carlos Galán algunas frases aún vigentes: “(…) no quise que mis hijos estudiaran en colegio bilingüe; lo mejor era que estudiaran en colegios que les permitieran estar con todas las clases sociales, que estudiaran siempre en colegio público (…). Me preocupa siempre eso, que no se separe a la sociedad desde kínder (…), que nos integremos y nos respetemos mucho más los colombianos (…)”.

Pues bien. El pasado 9 de noviembre los hijos de Luis Carlos, exalumnos del IPN, los senadores Juan Manuel y Carlos Fernando Galán, acompañados por una decena de estudiantes del IPN, radicaron en el Congreso de la Republica un proyecto de ley por medio del cual se declara patrimonio pedagógico de la Nación al Instituto Pedagógico Nacional, escuela, laboratorio y centro de práctica de la Universidad Pedagógica Nacional. En dicho proyecto, si el Congreso lo aprueba, se autoriza además al Ministerio de Hacienda para que le otorgue a la Universidad los recursos necesarios para su funcionamiento.

El proyecto de ley, más que un reconocimiento, es una necesidad. Las condiciones presupuestales de la Universidad Pedagógica Nacional como institución estatal requieren de este aliento para continuar con su tarea formadora. Su perspectiva no permite imaginar otro escenario. Contar con estos recursos permitiría también establecer allí la gratuidad para todos sus alumnos.




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