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Cine y revolución tecnológica

Escrito por Hugo Benavides - Diana Carolina Romero
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Indudablemente el cine como producción artística no pudo originarse sin apoyo del avance de la tecnología y la ciencia, desde antes de su aparición en una primera sala gracias a los hermanos Lumiere en 1985, e incluso con la fabricación de juguetes ópticos, que si bien no eran las grandes revoluciones tecnológicas, se podían evidenciar mecanismos y explicaciones científicas a la producción de imágenes en movimiento, además de la necesidad de contar historias a través de ellas.

El cine entonces, aparece gracias a un desarrollo tecnológico que mezcla la fotografía con la posibilidad de reproducir el movimiento. Existe una necesidad de expresar, de contar las cosas de una manera similar a como se ven en la realidad. Se producen los aparatos y las condiciones técnicas para lograrlo. El cine nace porque existen las condiciones para hacerlo y una vez creado, surge la necesidad de encontrar medios más eficientes. La tecnología permite que exista el cine, a su vez el cine exige más tecnología.

Como medio tecnológico, el séptimo arte implica la posibilidad de grabar imágenes y sonidos, almacenándolos en un medio que luego se pueda reproducir, lo que incluye un trabajo con diferentes elementos como la película, cámara, revelado, organización y reproducción, proyector, telón; incluso elementos provenientes de la producción de imágenes como la misma fotografía, encuadre, perspectiva, angulación, color, grano, amplitud, luz, composición, distancia focal, zoom, travelling, etc. El sonido también es un elemento importantísimo que vincula a la tecnología con la producción cinematográfica.

 Sobre el sonido es interesante ver cómo inicialmente las películas eran mudas y esto implicó que las actuaciones fueran exageradas, que la expresión de los actores comunicara todo por medio de sus rostros, sus cuerpos. Los textos que se requerían para comprender la historia aparecían en la pantalla o los recitaba un narrador en vivo y en directo en el teatro donde se llevaba a cabo la proyección. Lo mismo sucedía con la música, había una orquesta o unos músicos que la interpretaban en vivo. Cuando se introduce el sonido en las películas, los actores no necesitaban hacer tantos gestos y movimientos exagerados, y aquello que se decía de esa manera, ahora se podía decir con palabras. Los guionistas sintieron un gran alivio, ahora en los libretos ponían en boca de los personajes todo aquello que querían decir. Por lo tanto, este momento histórico significó un replanteamiento por parte de los cineastas y los estudiosos del cine para volver a retomar la senda, pero esta vez colocando al sonido en su lugar como un apoyo a las imágenes y no como la razón de ser. Vale la pena destacar la frase de Julio Cabrera en “Cine: 100 años de filosofía” donde asegura que el descubrimiento del sonido en el cine permitió entender el valor del silencio.

 

Sin embargo, no necesariamente la tecnología determina la producción de una película como obra de arte, es decir, la creatividad del artista le permite generar su obra con los medios a su alcance, así ha sido siempre, una obra de arte no lo es por la tecnología que utiliza, pero un artista haciendo uso de los recursos tecnológicos puede crear obras que sin esos recursos no era posible hacerlo antes. Y viceversa, la utilización de los recursos tecnológicos no determina, necesariamente, que una película sea considerada una obra de arte. Siendo el cine un lenguaje de imágenes, lo que determina la importancia de una obra es la forma como el director las utiliza para transmitir su mensaje, ideas, conceptos, sentimientos, independientemente de la tecnología que se incluya, aunque claro está siempre hay un mínimo de tecnología asociada a la producción de una película. No es la forma de producir la imagen lo que determina su valor simbólico en la exposición del tema, sino la forma como se utiliza la imagen. La tecnología permite producir la imagen y el sonido con mejor calidad, pero esto sólo no es suficiente para darle su valor artístico.

Muchas películas, hoy consideradas clásicas, lo son no solamente por el tema que tratan y por la forma en que se abordan esos temas, sino también porque en su producción hicieron aportes a la utilización de los medios tecnológicos poniéndolos al servicio del arte. No olvidemos que al inicio la cámara estaba quieta equivaliendo a un espectador sentado en una silla. Después la cámara se movió cubriendo distintos ángulos. Después la cámara se movió sin desplazarse de su trípode, después la cámara se movió a la par de los actores, en fin, es infinito el número de posibilidades que se han ido descubriendo, a la par de los elementos tecnológicos que permitieron hacerlo. 

Un aspecto interesante, es que cierto tipo de directores, han tenido una gran influencia en el desarrollo de la tecnología asociada al cine. Casos como el de James Cameron en Terminator 2, o en Avatar. Para lograr esos efectos se requirieron muchas investigaciones, pues era descubrir algo que antes no se había hecho, de esas experiencias han surgido profesionales y empresas que son un gran soporte a la industria cinematográfica. Hoy en día es casi imposible desligar la tecnología del cine comercial, en especial en aquellos temas como superhéroes, guerras intergalácticas y futurismo.

Es interesante también ver cómo desde sus inicios el cine incluyó temas que sólo existían en los libros o en las mentes de los creadores. Como ejemplo tenemos “El viaje a la luna” de George Melies de 1902, “2001: Odisea del espacio” de Stanley Kubrick de 1968, “Matrix” de los Hermanos Wachowski de 1999, entre muchas otras que, combinan la tecnología disponible con una alta dosis de creatividad para recrear situaciones irreales y que nos permitieron creer que esto era posible aún estando a muchos años de volverse realidad. Hoy en día existen películas basadas en historias que solamente existen en la imaginación de los creadores.

El cine no es una presentación de la realidad es una representación y como tal crea mundos ficticios al antojo de los directores, y nos lo ofrecen como una realidad que nosotros aceptamos, muchas veces sin reparar que se trata de una simulación, de una creación de alguien, para decirnos algo. Siendo un producto elaborado por alguien, que nos quiere decir algo, una película siempre será una ficción, una falsedad y nunca será la realidad en el sentido estricto de la palabra, incluso si se trata de un documental; tampoco podemos hablar de realidad, porque al estar registrada en una película, alguien decidió qué se debía registrar, cómo se debía registrar y cómo se debía presentar, por lo tanto, hay una intención, hay una manipulación para hacernos ver lo que alguien quiere que veamos.

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